miércoles, 4 de mayo de 2011

Amar lleva implícito tolerar y perdonar


Algunas veces actuamos bien, otras veces nos damos cuenta y sabemos que hemos actuado mal...

Algunas  veces pensamos que lo estamos haciendo bien, sin embargo los demás lo ven mal. Pero lo malo es cuando no aprendemos, ni ellos ni nosotros mismos, cuando no tomamos las cosas del lado positivo que tienen, cuando creemos que en todas las personas hay maldad y que solo actúan con la premeditada intención de ir en contra de nosotros.
Esto lo digo meditando sobre las relaciones personales que podemos tener en la vida, sobre la convivencia con personas, hombres y mujeres  que llegamos a apreciar, que llegamos a sentir como parte de uno mismo, incluida la relación de pareja.
Algunas veces permanecemos por muchísimo tiempo a su lado, sin conocerlos realmente, sin ver los cambios que se van produciendo en ellos y en nosotros mismos; vivimos una situación que se escapa de nuestras manos y nos sentimos abrumados ya que no hallamos salida, no sabemos cómo comportarnos o simplemente, con enojo o tristeza “dejamos las cosas así”, vamos “rodando la arruga” como popularmente se dice.
La tristeza, el rencor, los resentimientos, la duda, la actitud de siempre estar “a la defensiva”, el no aceptar más la palabra ni el cariño de esa persona, nos va causando una herida cada vez más profunda…
Los seres humanos somos complicadísimos, es casi imposible ponerle límites a los pensamientos… pensamos y ya, sentimos y ya, y los demás también lo hacen y todos actuamos en consecuencia, muy mal... no se resuelve nada.
No me siento nada confortable conmigo misma cuando la vida me ha dado oportunidad de pasarla bien y sin embargo la he pasado no muy bien o mal, cuando he tenido la oportunidad de compartir con alguien o con un grupo de personas y las cosas dan un vuelco inusitado, solo por una palabra mal dicha o por un gesto incontrolado… nos tomamos las cosas muy en serio, al igual que se la toman los demás y eso nos afecta enormemente. Me siento mal cuando pierdo una amistad de hace tiempo porque no valoró en su justa medida mis palabras o porque yo no supe expresarme bien, ni mis gestos reflejaban lo que realmente sentía. Y lo que si es seguro es que el tiempo no da marcha atrás...
Corregir los errores la mayoría del tiempo se hace cuesta arriba, una pendiente con obstáculos, un mar plagado de tiburones… no nos agrada pedir disculpas, ni buscamos reconciliarnos con las personas. Pero, también pasa que cuando lo hacemos y a pesar de ello, no nos da ningún resultado... pues ni modo!, ya NO es nuestro el problema!.
Si al querernos, al amarnos, al sentir aprecio o profundo afecto por alguien conserváramos más el espíritu de compañerismo, la amistad como base en nuestras relaciones personales, si hiciéramos de la tolerancia el pilar al cual asirnos en los momentos más ásperos de nuestra relación con los demás y si el perdón formara parte de nuestros principios para poder convivir, entendiendo la esencia de “humanidad” que poseemos, otra sería la historia…  Difícil quizá, imposible no es! 
Debemos aprender… en algún momento debemos aprender que amar lleva implícito también tolerar y perdonar, sobre todo cuando todos tenemos algo que perdonar…
Olga Álvarez

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